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EL GUIJARRO CONFEDERAL

ORGANO DE EXPRESION Y COMBATE DE LA CONFEDERACION NACIONAL DEL TRABAJO

Federación Local de la Puebla del Río (CNT-AIT)


30 horas, reparto de la riqueza, gimnasia anarcosindicalista o como crecer con la acción directa

La Comarcal de la Plana en el cnt de enero le dio un empujón a nuestra reivindicación de las treinta horas semanales. En el cnt de marzo el SOV de Bilbao hizo otro tanto, incidiendo además en el reparto de la riqueza. Queremos ahora hacer nuestra aportación a lo que pensamos que es un punto fundamental de nuestra acción sindical.

La reivindicación de una jornada máxima semanal de 30 horas debería ser intensificada por nuestra organización sindical. Queda claro que no es un eslogan de moda para nosotr@s. Nuestra plataforma reivindicativa complementa los diferentes aspectos que rodean a esta reducción de jornada. Eliminación del pluriempleo, de las horas extras, de los destajos, jubilación a los 55 años, eliminación de contratos precarios... Está suficientemente esclarecido que esas 30 horas semanales no sería una medida aislada, si no el eje de todo un cambio en las relaciones laborales obrero-empresa.

El carácter que le están dando los sindicaleros del régimen (CCOO-UGT) y sus imitadores a la reducción de jornada no puede ser más complaciente con la empresa y el gobierno. Dicen 35 horas, sin pérdidas para el patrón, lógicamente esto supone una mayor productividad o una pérdida de salario. En Sevilla ya tenemos un ejemplo de ello. Varios trabajadores han negociado con la empresa y el acuerdo ha sido de realizar 35 horas semanales pero con una reducción del 15% del sueldo. Nada nuevo. Este no es el camino que indica la CNT.

Analicemos un poco Gran parte de los empleados públicos tienen unas jornadas reales de 35 horas semanales. En el campo la duración legal de la jornada varia según lo pesado que sea el mismo. En centros públicos se suele reducir la jornada hasta a 25 horas semanales en el periodo de vacaciones. Ciertas profesiones tienen pocas horas de dedicación, algunas sólo 12 a la semana. Otras, como en el comercio o la hostelería, están obligados a largas jornadas, aunque la legislación diga 8 horas al día. También hay que considerar las grandes diferencias de sueldo entre unos trabajadores y otros. Habrá que analizar más profundamente todos los aspectos de la reducción de la jornada. De nada valdría tampoco una ley sobre las 30 horas semanales si ésta se incumple igual que la de 40. También la mayor productividad en una obra o en una cadena de montaje supondría sin duda mayor índice de accidentes laborales. La reducción de salario, teniendo en cuenta la mayoría de salarios de este país, sería un duro golpe para la clase trabajadora. Del mismo modo los nuevos avances tecnológicos y los sistemas de trabajo hacen que la mano de obra necesaria sea cada vez menor, y éste es un problema al que se enfrentan todos los gobiernos de los países más o menos industrializados.

No es de reducción de salario o de ampliación de la productividad de unos cuantos de lo que habla la CNT. Nuestro discurso es muy diferente. Estamos hablando del reparto de la riqueza, estamos diciendo que para que trabajemos todos y todas, los industriales, los empresarios tendrán que dejar de ganar un tanto por ciento, sea el que sea, hasta que tod@s tengamos un trabajo. Aquí está la razón principal de nuestra reivindicación y no queremos ocultarla. El derecho al trabajo está reconocido por la Carta Magna, ¿ no dicen eso? pues que lo apliquen, obligémosles, si somos capaces de organizar una lucha de tales dimensiones. Pongamos al capital contra la cuerdas, hagamos ver las contradicciones del sistema, encendamos el fuego de la lucha de clases(1).

Claro que para esto tendremos que tener una CNT fuerte, que resista los envites del poder y crezca tanto en efectivos militantes como en proyectos de lucha. Es la eterna pescadilla que se muerde la cola, pero parece que no hay otra solución. La CNT crece y se fortalece en la confrontación social y la lucha en la calle y el tajo. No hay nada sencillo ni fácil para el anarcosindicalismo, pero si somos capaces de encaminarnos a una lucha permanente, continuada, concentrando energías, tendremos posibilidades que nuestras contiendas se vayan intensificando.

Este pretendido pulso que queremos echarle al capital-estado es producto de la guerra de clases que existe desde hace mucho tiempo, es el eterno enfrentamiento entre pobres y ricos. Es por lo que se creó la CNT y sus antecedentes. Por las condiciones socio-políticas actuales parece que es una buena época para emprender un trabajo de estas dimensiones. Hay una mecha. ¿Por qué no intentar encenderla? ¿Qué podemos perder los revolucionarios anarcosindicalistas? Como poco ganaremos experiencias que nos servirán para nuevos envites. Si concentramos energías dispersas, si desatomizamos las luchas y convergemos en un punto, es posible que tengamos suficiente capacidad para el combate, ilusionando a parte de la clase trabajadora. Estamos a tiempo, antes que gobierno y gestoras sindicales hagan su engendro. Podemos intentar algo verdaderamente revolucionario: tomar la iniciativa aplicando nuestra acción directa.

Anarcosindicalismo ahora

Por eso no entendemos algunas críticas que se hacen diciendo que es reformismo las reivindicaciones básicas que realiza la CNT. Con estas reivindicaciones hacemos anarcosindicalismo, luchamos por unas mejoras en nuestra clase y por supuesto nadie abandona su carácter revolucionario, ni su intención de acabar con el sistema que nos oprime (2). La famosa lucha de la canadiense fue por una reducción de salarios que quiso realizar la empresa y se consiguió, tras dura lucha, las ocho horas semanales en todo el Estado Español. El convenio de la construcción del 36 en Sevilla fue un ejemplo de acción directa y lo que se consiguió fue reducir la jornada semanal a 36 horas.

Seamos seri@s y coherentes, la CNT es una organización de trabajadores/as en paro o en activo que usan unas tácticas anarcosindicalistas (federalismo, acción directa, solidaridad) para conseguir sus fines, tanto unas mejoras inmediatas como la emancipación social. La revolución social(3) es nuestro objetivo principal. Pero antes tendremos que tener una organización potente, con capacidad de transformar la sociedad por sí sola. Ahora tenemos la oportunidad de no ir al carro de nadie, quizás por una vez en mucho tiempo tenemos un discurso que puede ser asumido por gran parte de los trabajadores, sobre todo por los más oprimidos. Habrá que poner alguna ilusión y dinamismo extra. No habrá una CNT fuerte sin conflictos, y a nuestro entender no habrá conflictos con potencial revolucionario sin la CNT. Dejemos de ir a la cola del tren de la progresía izquierdosa, hoy en su totalidad ganada por el sistema. No seamos más comparsa de partidillos y vanguardias politiqueras-sindicales. En la CNT, hoy, se concentra capacidad militante para emprender una dinámica de confrontación y la misma organización tiene capacidad para recibir personas con ganas de lucha. Tras 20 años de práctica sindical en democracia el panorama de las organizaciones obreras queda suficientemente claro. Existe la CNT por un lado, por otro el resto de centrales, grandes o pequeñas, que no pierden ocasión para apuntarse en movidas políticas, en extender la mano para que papá estado les subvencione, en negar con su práctica la lucha de clases. Consensuemos entre tod@s los sindicatos de la CNT la forma de hacer esta gran movilización, los objetivos a cubrir. Acordemos un plan organizado y suficientemente abierto para extender nuestras actividades subversivas.

Pongamos la directa

A nuestro entender sería conveniente tener una conferencia nacional de militantes para emprender tal movida con enérgica confianza en nuestras posibilidades. Analizar y debatir la situación. No dejar al poco tiempo en el varadero esta pugna, que deberá convertirse en un verdadero combate entre capital y trabajo, siempre que la toma de conciencia por parte de los explotados sea efectiva. Es a largo plazo, ya se sabe. No es hacer una simple tirada de carteles y pegatinas y unas charlas. Debemos intentar que sea progresiva, afianzando los núcleos de lucha que serán los sindicatos. Por supuesto habrá que llevar el tema a nivel mundial, a la AIT, para que todas las secciones tomen nota. Recordar que la reducción de jornada fue propuesta por Robert Owen en 1830, que hasta 1886 no empezó a ser una reivindicación universal, y que hasta en 1919 en España no empezaron a aplicarse las 8 horas diarias.

Queremos por último indicar algunos puntos que según nuestras experiencias y análisis serían interesantes llevarlos a cabo.

- Creación de asambleas de parados por militantes de CNT como base de la campaña. Desmarcarlas de cualquier tipo de organización de parados creada para pedir subvenciones y liberar al listillo de turno.

- Atraer a personas dispuestas a una verdadera lucha que estén por el trabajo para tod@s.

- Campañas periódicas con nuestras reivindicaciones.

- Denuncias públicas de empresas donde se realicen horas extras, destajos..

- Concentraciones, encierros, manifestaciones para despertar los ánimos de lucha social y las conciencias adormecidas.

En una posterior fase, o si ya se cuenta con capacidad, se deberían emprender actos coordinados de ocupaciones de obras, fábricas, talleres, oficinas, reivindicando el reparto de trabajo, obligando, si es posible, a la contratación de un número de obreros. Tomar prestado de los supermercados alimentos, ropas. Realizar presiones en las oficinas del INEM, empresas de trabajo temporal, sindicatosvendeobrer@s... Toda la acción directa que seamos capaces de proyectar.

Es decir, ser un revulsivo en la enorme capa de trabajadores en precario, parad@s hoy, emplead@s en precario mañana. Difundir una cultura diferente a la de la competitividad y el enfrentamiento. Para ello necesitaremos años, claro está, pero si no se emprende con contundencia un día, difícilmente existirá de nuevo la solidaridad de clase que antaño, no hace tanto tiempo, dio sus mejores ejemplos de lucha.

Habría mucho más que comentar, pero de momento, y para no abusar de estas páginas, lo dejaremos para otra ocasión.

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1.- Lucha de clases, sí. La lucha de unos individuos o grupos sociales que pugnan por conquistar o mantener el poder contra otr@s que intentan librarse de la opresión de los anteriores. El choque entre explotadores y explotados. El carácter de lucha de clase, desde el punto de vista de la ideología anarquista, sustento del anarcosindicalismo, no es el mismo que le han venido dando los marxistas. El marxismo siempre se ha referido al agente político, al partido obrero, dirigente de una clase. Nosotr@s decimos acción directa, federalismo, solidaridad de clase, toma de conciencia social, emancipación obrera por parte de nosotr@s mismos (única forma, por cierto), apoliticismo, revuelta permanente.

2.- José Prat, eminente sindicalista revolucionario, uno de los padres de la CNT, anarcosindicalista íntegro donde los haya, define así a los dos tipos de sindicalismo: La tendencia reformista batalla simplemente para obtener pequeñas mejoras inmediatas para la clase obrera y hacerlas entrar en las costumbres y fijarlas en las leyes burguesas, por otro lado la tendencia revolucionaria, que, sin desdeñar todas aquellas mejoras inmediatas que sean positivas, se propone o tiende a la total emancipación económica de la clase obrera de la explotación capitalista.

3.- Cuando hablamos de revolución social decimos autogestión; por cierto una teoría de práctica económica abandonada hoy en día por la izquierda (Eso si de verdad la expuso sinceramente alguna vez). Hablamos de la emancipación integral de nuestra clase, suprimiendo las clases sociales. Hablamos de la abolición del sistema de producción capitalista, de la socialización de las riquezas, de los servicios y de los instrumentos de trabajo.


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